Catálogo

Pequeños universos

Autor: Coppa, Celia
Materia: Poesía

PRÓLOGO “PEQUEÑOS UNIVERSOS” (Poemario)

Leyendo y releyendo la interesante, variada, profunda y compleja obra literaria de Celia Coppa, abarcadora de casi todos los géneros, he sentido la necesidad vital de preguntarme algo que podría parecer insólito o absurdo pero les aseguro que no lo es. Mi instinto, respondiéndome con las palabras que deseo escuchar, me aparta siempre la inquietud planteada. Paso a explicarme. Me pregunto si las palabras que al compás de las cadencias vertidas  con sigilo de caricias desde lo profundo de una persona del calibre creativo de Celia Coppa necesitan del aporte insoslayable del trabajo, de la voluntad de un espíritu por demás esforzado o, por el contrario, fluyen solas para acomodarse en el verso, con alegría, acostumbradas como se sienten, a su predominio infalible, como en este caso. Y lo hago porque al leer esta obra poética de manera holística como la leí inicialmente, llegue al convencimiento de que ellas, unas tras otras se ubicaban solas. Como si un soplo divino llegado desde el cósmos; desde donde ellas testimonian las ideas que generan otorgando las imágenes poéticas a partir de ese soplo, haciéndolas pasar por andariveles suavemente coloridos para permitirles tejer su hechizo, nos regalaran el hecho consumado: el poema, los poemas, el libro entero repleto de poemas armados con palabras de Celia Coppa que conforman desde su generosidad, nuestra felicidad. ¿Será esa la ruta? Vuelvo a preguntarme ¿Sabrá Celia que está dotada para este quehacer, la literatura irradiante, inaugurada en vastos universos distribuidos para llegar hasta  todos los confines? ¿Sabrá Celia Coppa que esa forma propia, de armar su propio canto, llegada desde tan lejos hasta su alma, son propias y absolutamente personales porque propias son las dóciles palabras con que ejercita su mente para prodigarnos su amor? Las palabras fluyen desde su pensamiento, disciplinadas en la búsqueda del asombro porque lo van construyendo. Ellas terminan siendo el asombro, ese amplio lugar en donde aspiran recalar, para quedarse. Ellas son, también, la metáfora infinita, la que no requiere explicación, la que se activa para equilibrar el ritmo natural de lo perfecto.  
Necesito decirles más. De no ser por esta teoría, la que obra sustentada, apenas, un poco más arriba, se nos hará imposible, a todos, explicar a Celia Coppa multidisciplinaria. Si bien sabemos de su conducta férrea al servicio de su obra enorme en escuelas de ciertas fronteras de la Patria Argentina; si bien sabemos de su disciplina en el hacer investigando, viajando, aleccionando, ejemplificando situaciones, haciéndose eco de injusticias reiteradas, las que siempre tiende  a revertir con éxito, no podemos dejar de afirmar que su literatura abarcadora de casi todo el espectro posible, especialmente su dramaturgia y su poesía filosófica, está asida por la mano prudente y decidida del hacedor de lo sublime. De allí que la mayoría de sus títulos afirman, por sí mismos, que nacen de la luz. 

 Veamos: Desfilan por las páginas de este hermoso texto los vicios y virtudes surgidos a partir del trato ineludible del hombre (en este caso una mujer) con su prójimo, los que a la par de contribuir a la conformación del ser humano en su proceso de humanización lo instan a sumergirse en las circunstancias azarosas del devenir continuo dela vida. Circunstancias que unidas a las imágenes ineludibles descriptas para convencernos nos permiten ingresar  en la plenitud de un ser puro, erótico y sensual, transformándonos.
El lenguaje lírico de “Eras el mar”,” Futuro “ y “Cuando muere el amor” no acepta discusión. constituye un pórtico al ensueño. Es que “Cuando muere el amor”, sin duda, la nada asoma. 
“Soy una mujer” Compendia a todas. “Una no sabe nada de esas cosas que los poetas llaman misterio; una nació desnuda y vivió en la tierra” Y porque es tierra no sabe nada de eso que llaman misterio. Todo es certeza para ella.
….hasta que la sorprendió el amor y le quitó la certeza, la luz y la inocencia. Es una verdadera poesía sorprendente planteada sobre un mantel limpio en medio de una mesa de hogar honrado. Pan vino y sopa caliente.
Al igual que “Se puede”, que constituye un canto al logro, exaltamos “Dos que se aman”  …¡algún día morirán! Pero antes ¡Habrán escrito un poema! O lo habrán pensado juntos, digo. Eso, carecerá ya de importancia. Aquí solo prima el amor para quedarse en nosotros sus lectores tal como fue fraguado.  
Un poco más adelante encontramos la desolación posado sobre un nombre trepado a lo más alto de una columna intacta: Alejandra Pizarnik.
“La Pampa “Metáfora de la amplitud sagrada. …”Abrí los ojos y bebí tu anchura, tu calma generosa. El ritmo de tu cielo se enredó en mis piernas y peregriné tu espacio en días emplumados. …Pampa… Ahora sos un paisaje interior, una búsqueda porfiada de libertad” La palabra porfiada allí ubicada es un tótem emplazado a la manera de un universo simbólico, insustituible, imposible de remover.     
A Alfonsina: “Limpió su maquillaje, se despojó de sus máscaras. Arrancó su linaje quitándose las ropas”… “Arrojó al aire todos sus prejuicios. Juntó coraje. Caminó desnuda entre cielo y playa hasta que el mar la envolvió en sus rulos”. ¡Qué más decir! ¡Perfecto en su brevedad! Sutilmente leve se percibe el abismo inmaculado de su alma en el instante de morir, descripto sobre la concavidad nacarada y temblorosa de un pétalo marino transparente.   
“Vivir” Es un canto fervoroso, naturalmente gestado, sin tropiezos, A FAVOR DE LA VIDA.¡Y hay más! ¡Mucho más! 

Y he aquí una nueva forma para la misma pregunta: ¿Son las circunstancias las que acomodando las palabras, sumisas, éstas, a un mismo carácter temperamental preciso, cariñoso y amable, responden con el despliegue de su plenitud y belleza? ¿O son las palabras de Celia, claras y potentes, las que acomodándose se amoldan a los hechos circundantes para testimoniar lo testimoniable? Sea como sea. este caso se resuelve aceptando la excelente calidad del resultado.  
Vuelvo a repetir, se me hace problemático explicar tanto tejido armonioso, tanta trama concertante, hilada con  suave hilo impalpable, caviloso en su desplazamiento etéreo.
Ahora sí, sabiendo o intuyendo todo esto; sumergidos sus lectores, en la atmósfera tenue y delicada de este  universo a la que sus perfumadas y cadenciosas esculturas sonoras nos invitan a recorrer en silencio, sin imponer, ni obligar, nos permitimos acceder a este fenómeno creativo, llamado hoy “Pequeños Universos”, que de pequeños no tiene nada. Por esa razón, intentemos constituirlo, más acertadamente, en una Monumental Instigación Metafísica al traspaso del límite. El que permite, sin reservas, una entrada rápida al universo de “lo íntimo”; lo interior profundo, de perfecta concreción, consecuentemente iluminados sus tapices (a la manera como lo hiciera, un antiguo día, Husserl) con el haz de luz de la conciencia, como para que la suavidad de su útero nos atrape, nos acomode, nos acune y nos colme de alegría, aún ante la presencia de la remembranza (nostalgia solapada, rescatada de algún olvido). Feliz forma, la personalísima de Celia Coppa, de exaltar la vida  en todas sus etapas.

                                                                                                                                          Amanda Patarca

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